Carilda y Lucía, las novias de dos ciudades.

En la intimidad del hogar de los poetas granmenses Lucía Muñoz Maceo y Luis Carlos Suárez Reyes la noticia de la muerte de la poetisa  Carilda Oliver Labra llegó como un anuncio familiar.

Es alguien del gremio, muy querida, popular en Cuba y el mundo, un ícono que tuvimos la suerte y la dicha de conocer y que nos conociera personalmente y a nuestra obra, comentan los poetas.

En varias ocasiones coincidieron Lucía y Carilda, cuando la primera era apenas una joven sin cuaderno aún conocido, ya había publicado en varias revistas culturales del país y la consagrada Hija Eminente de la Atenas de Cuba había leído esos poemas.

Un telegrama llegado a Bayamo en 1985, procedente de Matanzas,  trae la felicitación y el reconocimiento a la descendiente de Manuel Muñoz Cedeño,  por el premio en el Festival de Poesía de Amor de Varadero por el poema Leyendas. Lo firma Carilda, jurado del evento

Luego tendrían ambas la posibilidad de viajar juntas a Venezuela, en 1987, invitadas por el poeta Edy Rafael Pérez al Primer Festival de Poesía Venezolana de Mérida.

Allí junto a otros cinco poetas cubanos, entre los que se encuentran Miguel Barnet y Jesús Coss Cauce comparten una veintena de jornadas de lecturas intensas, de explorar la geografía venezolana.

Otros momentos de encuentro habrá entre dos hermosas mujeres cubanas, poetisas, llamadas la novia de cada una de sus ciudades, en Congresos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, donde la matancera fue miembro del Comité Nacional y Lucía, representante de Granma y su Presidenta provincial por varios lustros.

Luis Carlos tendrá el placer de conocer a Carilda, de intercambiar con ella, en eventos literarios y en 1991, en Santiago de Cuba, donde de manera muy especial, la matancera  dedica a ambos sendos ejemplares de la segunda edición de Al sur está mi garganta, poemario icónico de Carilda.

Tesoros que se guardan como reliquias de familia, que ya son parte de la historia y que muestran más que con orgullo, con humildad, para dar a conocer la grandeza de una mujer luminosa no solo en las letras, sino también en lo humano, capaz de reconocer la valía de otros jóvenes poetas cubanos.

La tarde es cálida y presagia agua en Bayamo, los versos de Carilda deambulan por el hogar de los poetas bayameses, se quedan en los muebles, en las paredes y en el corazón de Lucía y Luis Carlos, al evocar juntos muchos recuerdos de lecturas y momentos compartidos con la que ya no estará más deja una inmensa obra por la cultura cubana.

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